viernes, 10 de octubre de 2025

El trenecito en el centro comercial

Día Internacional de la Salud Mental.
Bueno, pero a mi no me pasa nada, con un par de cervezas ya se me ha pasado todo, conmigo no va este tema. Pues te voy a contar una historia:
Érase una vez una madre con dos niños pequeños que cometió la locura de ir a pasar una mañana en un concurrido centro comercial madrileño en temporada navideña. Lo sé, a quién coño se le ocurre? Bueno pues a unos cuántos miles de personas por lo que se ve. Ruido, exceso de información en todos los sentidos, imágenes invasivas en la cartelería por pantallas. Gente, gente, y más gente. Niños gritando, en fin, el paraíso para cualquier neurodivergente. Pero nosotros no somos los protagonistas de esta historia. Saturada y agotada de aquella mañana intensa fui con mis vástagos a recargar energías a una cafetería, llena de gente como no podía ser menos. La cafetería tenía un local aledaño donde vendían bollería recién hecha en su horno. Planazo de fin de semana para encargar tartas o empanadas en aquellos días donde las reuniones familiares abundan por doquier. Pues eso tuvo que pensar, vamos a llamarla Ana. Una mujer de mediana edad que hacía cola en el establecimiento para recoger su encargo. Le acompañaba su hijo, un joven, ya casi un hombre de unos 23 años aprox. vamos a llamarle Andrés. Andrés estaba algo impaciente en la cola, como todos y se le notaba cansado, pero menos mal que se podía entretener con su juguete favorito. Si, su juguete favorito, un trenecito que tenía pinta de ser muy especial e importante para él. Le ayudaba a concentrarse y autorregularse. Andrés era como una olla a presión a punto de estallar, agotado y asteado de la situación que estaba desde luego muy fuera de su zona de confort comenzó a darse fuertes golpes en la cabeza y a chillar desconsoladamente. Ya comenzó a suscitar murmuraciones y gestos de: eh! mira a ese chaval lo que está haciendo. Los golpes y aspavientos de Andrés eran cada vez más y más bruscos, su madre ya en completo estado de alerta comenzó a atenderle intentando que volviera a coger su trenecito. Sin embargo Andrés, no pudo más. Empezó a forcejear con su madre con la fuerza física de un niño encerrado en el cuerpo de un hombre. Enseguida saltaron todas las alarmas entre los que estábamos contemplando la escena. Yo, al igual que Ana, quería proteger a mi hijos y ponerlos a salvo de algún daño colateral ya que Andrés estaba completamente fuera de control y nosotros muy próximos. Ya con mis hijos a buen recaudo pegaditos a la barra y francamente asustados pude prestar atención a la forma en que, de manera insistente, le ofrecían ayuda a Ana. - La está pegando! - Cómo puede ser? - Qué fuerte! - Señora quiere que se lo aparte? - Ana, forcejeando con su hijo: No gracias, estoy bien. - Señora llamamos a seguridad ahora mismo. - No por favor, estoy intentado calmarlo. Una y otra vez gritando le preguntaron a Ana si quería que llamasen a seguridad. Y Ana con una templanza digna de Sócrates antes de beberse la cicuta, contestaba protocolariamente su No gracias. Ana, cómo cualquier madre, sólo quería proteger a su hijo, hacer desaparecer el mundo para estar los dos solos en calma, cómo cuando le leía cuentos antes de acostarse y protegerle de su sufrimiento. 
Mientras tanto, una de las camareras detrás de la barra vociferaba: Si es que es normal que explote, estoy harta de verlo! Igual pasa con los niños. Aquí hay demasiada gente, se agotan y vienen aquí a la cafetería con los niños llorando. Una señora en la barra contestaba: si es que se ve que el chico tiene problemas, para que le trae aquí? Que lo deje en su casa! El mal rato que han pasado. Tantas ganas tenía de irse de compras que no podía esperarse a venir sola? 
Con el infinito abrazo de mamá osa que le acompañó durante un buen rato ya tirados en el suelo, Andrés volvió a recuperar el control. Y consiguió empequeñecer de nuevo ese mundo hostil que tenía alrededor y volver a ser sólo Andrés y su trenecito haciendo Chu Chuuuuu sentado en el suelo.
Si, la salud mental importa, es la salud que te permite tener un bienestar tanto a ti como a todo tu entorno. No sé que le pasaría a Andrés, pero lo que si sé es cómo su madre le protegía y como además de tener que estar lidiando con una situación tan dura y agotadora tenía además que calmar al entorno para que no agredieran a su hijo y no le provocaran una crisis aún mayor llamando a gente que muy posiblemente no sepan tratar con un adulto con problemas mentales o con una discapacidad intelectual importante. Desgastando su atención y energía en lo que de verdad tenía que hacer, que era calmar y atender a su hijo. También oí cómo la juzgaban, cómo la culpabilizaban, y cómo miraban a Andrés. Somos seres grupales, nos guste o no, y la salud mental aunque es propia también se construye desde el entorno. Desde la tolerancia, el respeto, y la empatía. Cuando estás en la mesa del bar tomándote una cerveza al lado de un parque y NO criticas a una madre porque según tu gran opinión le tiene mal criado y consentido porque el crío no paraba de chillar. O cuando están intentando atender a un niño en un burnout de 40 minutos de llanto incesante y NO te acercas y le dices: uy niño! que feo te pones cuando lloras! 
La salud mental, es responsabilidad de todos y a todos nos afecta, de una manera u otra. Cuidémosla. 

jueves, 24 de julio de 2025

El FIB en familia, es viable o una locura?

Algunos de los que rondamos la cuarentena, además de canas, kilitos de más y resecas de tres días tenemos algún hándicap más, hijos. Y cuando llega el verano, las ganas de festival y cervezas aumentan de manera exponencial. Y nos asalta la siguiente pregunta: este año vamos a llevarnos a los niños de festi o los abandonamos a su suerte, digo les dejamos disfrutando de sus abuelos abandonando a estos últimos a su suerte y aprovechándonos de sus ganas de nietos? He aquí la cuestión. Efectivamente irse de festival con hijos es una locura, lo mires como lo mires, pero las mejores aventuras surgen de la locura. Antes de entrar en detalles, empiezo por los tips que me parecen imprescindibles para luego sumergirte de lleno en la experiencia fraternofestivalera:
1. Tener experiencias previas con conciertos o festivales de un sólo día. Es muy importante saber cómo responden los niños ante la música en vivo a unos volúmenes muy altos, ver si los estilos musicales que vamos a ver son acordes a su personalidad e intereses. También ante la enorme cantidad de estímulos que esto representa, las aglomeraciones de gente, los largos desplazamientos y las agotadoras colas que a veces hay que padecer. En este aspecto, nosotros hemos ido con los peques con entrada de un día a festivales en nuestra comunidad como el Mad Cool en Villaverde, El Pirata festival en Rivas o Mago de Oz en el Palacio de Vistalegre. Siempre hemos tenido una buena experiencia y han primado los pros frente a los contras.
2. Que conozcan al menos a los principales artistas del evento. Para ello, puedes usar las propias cuentas de los festivales en Spotify que suelen preparar listas con los artistas de la siguiente edición. Es muy importante que estén familiarizados con la música que van a ir a ver, muy recomendable durante los meses o semanas previas hacerles partícipes de los grandes éxitos de los grupos que mas les gusten, también se pueden ver vídeos con actuaciones en vivo para que los reconozcan y se hagan una idea mas fidedigna de lo que van a experimentar.
3. Si te vas a sumergir en una experiencia completa y familiar de varios días de festival, es altamente recomendable que previamente hayas ido a ese festival y conozcas bien su funcionamiento, para evitar colas innecesarias, cuellos de botella de tránsitos de gente, policleanes que no le desearias ni a tu peor enemigo, etc, etc.

Bien, si ya has llegado hasta este punto, amigo, estás preparado para irte en familia de festival, ahora eso si, cárgate bien de Paracetamoles e Ibuprofenos que seran tus grandes aliados ya que la cerveza, por el bien familiar, la olerás poco y te permitirán aguantar esas intensas horas de pie, de carreras, bailes y caminatas durante el festival o tus achaques a posteriori. Más, y que no se te olvide, a la mañana siguiente de cada día tendrás que seguir siendo esa madre, padre dedicado y atento que deberá jugar y atender a sus hijos, irte a la piscina si aún te quedan fuerzas, etc, etc. Por que si, como estás un poco cucu, elegiste este año irte de festi con tus hijos.... En fin, vaya ideas de bombero...

Bueno, lo primero de todo, hay que decir que al menos en esta edición todos los menores de 9 años inclusive entran de manera gratuita con la entrada de uno de sus progenitores. Al llegar al festival tienes que acudir al punto de incidencias de las entradas y simplemente presentando tu pulsera te registrarán e identificarán a tus retoños con una pulsera de menores pensada en caso de que se desorientaran les puedan identificar y llamarte por teléfono. A este punto, mejor no le des muchas vueltas que si no, no vas :)

Entrando un poco más en detalle y si has incumplido ya el paso número 3, pero estás decidido a liarte la manta a la cabeza, evita el camping del festival. En el FIB, al igual que en muchos otros festivales, las duchas están a la intemperie y son colectivas por lo que o tienes una mentalidad muy pero que muy abierta, o mejor busca otro tipo de alojamiento ya que no estamos hablando de campings al uso normales y corrientes. Por otro lado, al menos hasta el año pasado el ruido nocturno por la cercanía del festival era muy intenso y es muy complicado dormir, el festival suele acabar en torno a las cuatro de la mañana, más las fiestas en el propio camping hacen que el descanso sea nulo. Además Benicassim dispone de una amplia oferta de alojamiento vacacional que se puede ajustar mucho mejor a las necesidades de tu familia. No sobra añadir que es una ciudad playera tranquila y bonita en la que podréis disfrutar de su amplio paseo marítimo, su buena oferta gastronómica, sus playas con un Mediterráneo tranquilo y costas poco profundas que hacen las delicias de los más peques. Cuenta también con varios parques playeros y un estupendo y bien diseñado carril bici que podrán disfrutar los más deportistas. Importante, reservar con meses de antelación, ya que evidentemente la demanda es muy alta en las fechas del festival. 
Ok, ya hemos resuelto el problema del alojamiento, pero y ahora cómo nos deplazamos hasta el evento? Tienes dos opciones igual de buenas. El festival ofrece la alternativa de buses lanzadera bastante frecuentes y a un coste no muy elevado, cuenta con varias paradas en Benicassim. Al igual que con la entrada, los menores de 9 años no necesitan pagar el coste de las lanzaderas ya que disfrutan de todos los beneficios de tu entrada. Pero, y dado que este año han cambiado de ubicación el camping principal, el parking anexo al FIB esta mucho más vacío por lo que si te desplazas antes de las 19:30 al festival, te encontrarás con un acceso al mismo casi sin atasco y con un enorme parking de tierra casi vacío a esa hora. En nuestro caso fue la opción elegida para favorecer el descanso de los peques. Además si accedes antes de las 20:00 te beneficias del 2 x 1 en cervezas que ya sólo por llegar hasta allí con tus queridos vástagos, te lo mereces.

En cuanto a la comida dentro del festival, hay una amplia gama de opciones a unos precios entre los 4 euros y los 12 aprox. de todo tipo de comida kidfriendly como perritos, salchipapas, nuggets, pizzas artesanales, hamburguesas, etc, etc, razonablemente ejecutadas. Sobre los puntos de hidratación, son mejorables, aunque este año han añadido agua potable en los servicios, no son fuentes de agua si no los propios lavamanos, por lo que en nuestro caso lo descartamos por razones que no hace falta especificar. También disponen de unos grifos de agua potable cerca de la entrada pero suele estar a temperatura ambiente por lo que a veces se hace necesario comprar botellas de agua, a un precio más razonable que en otros festivales y al menos son medianas.

Al hilo del agua, venga, si, toca hablar de los tan temidos Policlean no confundir con el cómic infantil ;) y del mamá, papá me lo hago encima. Hay varios servicios en todo el festival, y en general, si te organizas bien no hay casi ni que esperar colas. Pero, os desaconsejo profundamente utilizar los servicios tanto de Policlean químicos como los servicios de obra que hay al lado del escenario principal Heineken. Estos últimos porque suelen estar muy aglomerados, se hacen cuellos de botella de gente, en una zona con el terreno irregular y escasa iluminación. Los mejores baños del festival los del escenario Repsol, color naranja, son de obra, tienes pocas colas y suelen estar bastante limpios.
Otro punto que nos preocupa a los padres, es si hay zonas de descanso o zonas con menos gente en las que poder ver el festival tranquilamente. Pues si, y bastantes. Han habilitado una zona mas chill justo en medio con un techo que en esta edición era un enorme inflable con forma de nube y varios puffs donde sentarte y relajarte.
También dispone de varias áreas con césped natural y artificial donde descansar o incluso ver los conciertos sentados en familia. En cuánto al sonido, al menos en el escenario principal hay unos altavoces justo en medio orientados hacia el césped artificial que está justo al lado del merendero y los food trucks por lo que incluso se oye quizá demasiado alto. Como este escenario cuenta con dos enormes pantallas, no pierdes detalle de los conciertos y puedes verlos en familia con mayor espacio y comodidad.
Vale, pero si mis peques se aburren con el concierto que estemos viendo o se les hace muy largo, que más podemos hacer? Bien, hay una zona de recreativos con futbolines y videojuegos entre el escenario Heineken y el Repsol. También, justo en la entrada hay un punto de karaoke gratuito en el que no he visto grandes colas. Y si vuestro peque es un artista en potencia o vosotros mismos, o, simplemente sois unos valientes sinvergüenzas que os gusta un escenario más que a un tonto un lápiz, buscad el pequeño rincón que tiene el FIB preparado con micro y guitarra y os podéis arrancar a enseñar vuestro arte y salero al mundo, bueno, a los agotados fiberos que tendréis en el merendero más cercano. Por otro lado, decir que con el ambiente festivo y casi de verbena con el cuenta este festival, no tendréis problema en acceder con algún inflable tipo unicornio de piscina, disfraz inflable, pomperos automáticos o pistolas de agua. Todo esto para ofrecer alternativas a la religión de las temidas pantallas, que en nuestro caso claudicamos en más ocasiones de las que nos gustaría reconocer.

Resueltas las dudas logísticas, ya sólo os queda animaros a venir. Además de disfrutar de la estupenda música en vivo, hemos visto sesiones de fotos de boda con sus trajes de novio y su fotógrafo profesional. Un grupo de amigos pertrechados todos ellos con el legendario uniforme de camisas de patitos de goma apoyando a su colega en el escenario de promesas mientras este cantaba y tocaba la guitarra muy bien. Una entrevista para la televisión local acerca del FIB en familia y el KKR. Y muchas más aventuras que sólo están ahí para aquellos locos que salen a su encuentro. Pero una cosa que quede clara, es tremendamente agotador ir con los peques, he ido de festivales acampando y madrugando, caminando media ahora hasta un coworking donde realizar mis 8 horas de trabajo cual esclava del teclado y no he estado tan cansada como yendo en familia. También la experiencia se reduce bastante ya que sólo puedes ir a ver a los artistas que más te interesen y que cuadren con tu horario familiar. Sin embargo, me quedo con que es maravilloso compartir tus aficiones con los más peques y enseñarles el apasionante mundo de la música en vivo. Y que existe mucha más música más allá de las radio fórmulas y de los "empastillaos" y los "quédate que la noche sin ti duele". Ya me entendéis lo que quiero decir.
Porque un ocio musical es posible más allá de los clasicos habituales de parques de atracciones, parques de bolas y partidos de fútbol. Eso si, con el sudor de tu frente.
P.D. frente a la financiación con fondos del KKR, todo nuestro apoyo a los artistas que tomaron la decisión de no ir, y a los que yendo, se pronunciaron en contra de la ocupación de Palestina como Love of Lesbian, Depedro y Viva Suecia entre otros muchos. Ojalá encuentren mejores formas de financiación.

miércoles, 2 de julio de 2025

Caminar viscérico del errante

Las hojas del otoño
En el tiempo oscilan
Caen vacilantes,
Soles antes del crepúsculo.
Así pasan los días 
En el rincón del que espera
Inamovible, quieto, estoico
Y ve el caminar errante,
De aquel que un día 
Llega, pasa y se olvida.
Pero las huellas
De este andar
Quedan marcadas en sus vísceras.
Enfermedad que lentamente corroe
Y se expande
Produciendo la bilis negra
Que ignora el viajero
Con su ansia de dominio de mundo.
Mientras caen las hojas del crepúsculo 
En la tarde fría, tranquila y sosegada
Su alma grita
En clave de leve suspiro
Ante la vision de la aciaga despedida.
Con la mirada perdida
En el vacío,
Pero sin emanar gestos
Ni cambiar de posición.
Se quiebra el universo,
Y susurra el rumor trascendente,
Se abre la infinita grieta
Y golpea el llanto del viento
Pero el estoico se queda quieto.
No quiere ver levantar el vuelo
De la corrompible hoja de otoño.
Huye simbólicamente
De esa oscura perdida.
Pasan los días 
Y se acerca el momento
Del choque de la quietud
Y la crueldad
De la ignorancia del sentimiento
Por aquel viajero
Que surca el mar impenetrable
En una lucha
Contra el tiempo paralelo.
Pero lo estable se mantiene estable
A pesar del duro viento
Que agita los cabellos
Del egoísmo y del deseo
Pleno de posesión y destrucción del errar
Que golpea al estoico observador,
Por cuyo rostro
Baila una lágrima 
Ante el horror
De la visión
De la hoja de otoño 
Ya por fin resquebrajada, muerta
Bajo la inmensidad del cielo abierto
En el atardecer
De la pronta mañana 
Del pacífico espectador
Cuya mirada
Fatalmente busca,
Como el instinto equívoco
Del que alguna vez fue testigo
De quien un día vino y se marchó.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuentos de Barrio: Las Crías de la Fortuna

Las Crías de la Fortuna
son peinadas dulcemente por sus criadas,
acicaladas y fielmente alistadas.
Huelen bien, visten bien,
mas se burlan con desdén

de Las Hijas de la Tierra,
quienes llevan deshilachadas las pecheras.
Ellas solas se lamen las heridas,
desdentadas, despeinadas,
se echan agua fría en la cara
y emprenden la mañana.

Las Crías de la Fortuna
se alaban entre sí sus torpezas,
compiten airadas por sus monedas.
Se tapan, se engañan,
mas se pudren en su mascarada.

Las Hijas de la Tierra
llenan sus carencias de fortaleza,
destilan con sudor la aspereza.
Se caen, se levantan,
mas tardía siempre comienza su velada.

Las Crías de la Fortuna
de la Tierra pretenden ser dueñas,
mas Las Hijas de la Tierra
corren, vuelan,
para de las nubes ser sus compañeras.


Enlaces de interés
http://saltandocharcosburgos.blogspot.com.es/2013/09/solidaridad-con-dani-ex-trabajador-de.html
http://www.infanciahoy.com/despachos.asp?cod_des=10257&ID_Seccion=92
http://www.atresplayer.com/television/programas/encarcelados/temporada-1/capitulo-11-otra-cara-infierno_2013112100379.html

jueves, 3 de enero de 2013

Cuento de Barrio: Carta desde Carabias.

Queridas hijas:

Espero que estéis pasando unas muy felices fiestas. No me voy a andar con muchos preámbulos porque os preguntaréis que qué me pasa, que qué es lo que me ha hecho marcharme sin dar explicación alguna. Sé, por vuestros mensajes en el buzón de voz, que sabéis que estoy en en el Pueblo. No podía ser de otra forma...No obstante, no os he querido contestar, no porque esté enfadada con vosotras, sino porque quería que el tiempo avanzara mientras os hacía llegar esta carta. Ya sé que estaréis pensando que no cuesta descolgar el teléfono, que debe ser porque chocheo, quizá algo de razón tenéis, pero todavía me queda cierta lucidez. Además estaba tranquila porque se que vuestro tío Jose Antonio os ha dicho que estoy bien. Hijas mías es sólo que a veces lo que uno tiene que decir es importante y merece la pena hacerse antes un poco de silencio para darle teatralidad y profundidad a las palabras que uno quiere expresar. A parte sabéis que no soy una mujer de palabra fácil. No me gusta la conversación vana. 
La tarde del 20 de diciembre, sentada en el sofá viendo algún programa insufrible de éstos que me hacéis ver por las tardes en los que las alcahuetas chillan como cotorras hambrientas, me sentí sola, decrépita y poco querida. Fue entonces cuando me decidí. Mientras aún me quedara la reminiscencia de las fuerzas que me hicieron salir adelante cuando era una chiquilla huérfana, cogería un autobús y me volvería a mi tierra, a Carabias
Deseaba caminar por esas calles empedradas por donde paseaba con vuestro padre, que en paz descanse. Y meditar con el sosiego que provoca en estas viejas carnes la oscuridad húmeda de las paredes de su iglesia románica. Si, necesitaba ese respiro cerca de Dios para que él me aconsejara. Ya sé que nos os gusta oír esto, que pensáis que es un pérdida de tiempo el rezar. Cosas de viejas, me decís. Demasiado tradicional para mis niñas modernas. - Respetad las costumbres de vuestra madre, que no sabe vivir de otra forma-  ¿os acordáis que esto os decía vuestro padre? 
En efecto hijas mías, necesitaba estar en mi refugio para aislarme y pensar cómo os podía decir, cómo os podía explicar aquello que, a veces, hace que me hierva  la sangre. Y no he sabido hacerlo mejor que con estas palabras escritas a la antigua usanza. Sé que os incomodo, sé que molesto, sé que os quito tiempo con las torpezas propias de mi edad. Me recrimináis que no quiera levantarme temprano, poniéndome de excusa que no quiero ayudaros con la casa, que no quiero cocinar. Deciros hijas, que nunca me gustaron esas tareas, como es bien sabido por vosotras, entonces no le exijáis a esta vieja que haga casi en muerte lo que no le gustó hacer en plenitud. Me reprocháis mi aspecto: mis ropas oscuras, negras, por el riguroso luto que aún guardo a vuestro padre. Me reprocháis mis cabellos, grises como el cielo de Carabias cuando quieren caer las primeras lluvias de noviembre. Me decís - ¡Madre, arréglese, que nos pone en evidencia con esos pelos que parece la la loca de los gatos! Puesta esta loca de los gatos en cierta forma no quiere estar alegre, no tiene ganas de reír, de conversar, tampoco de ser agradable. Este trasto viejo, pese a haber sobrevivido a una dura Guerra Civil, ya no tiene fuerzas, y menos desde que murió vuestro padre. He perdido el rumbo y el sentido de vivir. 
Hijas,  no os quiero entorpecer más, ni haceros infelices con mis complicaciones de anciana.
Disfrutad de lo que queda de Navidad, de la Fiesta del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Mi corazón será por siempre vuestro. Decidles a mis nietos que su Abu les quiere, y que siempre los llevará en su corazón.
Me quedo sola, mirándole a los ojos a la Muerte.

Os quiere, Mamá.



sábado, 17 de noviembre de 2012

Cuentos de Barrio: Un fantasma recorre Europa.

Repiqueteaba su bolígrafo azul Bic, mordisqueado a más no poder en su borde final. Intentaba reproducir el redoble de batería del estribillo de 'Love me do' de The Beatles que le había hecho las veces de banda sonora durante toda la mañana. Apenas podía discernir lo que sus oídos se tomaban la molestia de captar, no obstante, una sonoras palabras invadieron huecamente el aula e interrumpieron la melodía del bolígrafo:
"Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes."
- 'Un fantasma recorre Europa' - dijo Cintia ensimismada desde su pupitre. -Si señorita, lo ha repetido usted muy bien, ahora ¿puede hacernos el favor de explicarnos a toda la clase quién escribió el Manifiesto Comunista?- inquirió la profesora con cierto desdén provocado por el embobamiento al que la chica le tenía acostumbrada. - Pueees, eeeeeh, a ver, no estoy muy segura perooo, me parece que fueron los hermanos Marx, ¿no?- La clase contestó a Cintia con una esperpéntica risotada que agravó la jaqueca que ésta empezaba a padecer. 
Después de este embarazoso inciso la clase continuó en una suerte de universo paralelo para la alumna, que se había quedado meditando en la frase que le había puesto los pelos de punta. Recordó al fin por qué le causaban tanto estupor aquellas palabras, su padre hacía un mes que no volvía a su casa desde que tuvo una acalorada discusión con su madre:
- Maldita sea Marta, ¡cojones! estoy hasta la coronilla de que el cabrón de mi jefe me mande de viaje a tomar por culo cada vez que le viene en gana, y tu lo único de lo que eres capaz es de recriminarme que te sientes sola, de que si que no puedes más, que si que con los dos chiquillos y tu curro tienes mucho agobio, que si que me echas de menos. De verdad, si no fuera por el maldito fantasma que recorre Europa, las cosas serían mucho más fáciles para los dos...- Tras estas palabras recuerda Cintia que su madre comenzó a llorar durante unos minutos que parecían no tener fin. Nunca había visto ni oído a su madre llorar, era una mujer recta, cariñosa pero seria y muy práctica, de las que no se andan con niñerías. Sin embargo desde que Ernesto, su padre, no hacía otra cosa que viajar, Marta no tenía las mismas energías. Cintia pensaba que este cambio podría estar relacionado también, con la falta de dinero que veía reflejada en cada  rincón de su casa  desde hace una año. - Joder, tía en serio, yo se que no debería pedir más pero es que con 10 euros de paga  me llega para el paquete de tabaco y un par de cervezas- se quejaba frecuentemente a su amiga Vanesa. 
-¿Que habrá querido decir mi padre?- seguía Cintia con su tema a la salida de clase, sus compañeros la miraron con extrañeza ya que últimamente decía algún que otro disparate que ellos no entendían. Dejó a su espalda el instituto salesiano que sus padres aún le podían pagar y se dispuso a volver a su casa dando un rodeo. Comenzó a bajar por Ronda de Atocha atraída por un fuerte clamor que le produjo curiosidad:
- "El pueblo unido jamás será vencido" - coreaba la multitud que subía encendida por la calle. - "No es una crisis, es una estafa"- espetaba un hombre de unos 50 años de edad, de voz ronca y ajada, el resto le siguió gritando la misma consigna. Cintia nunca había estado en una manifestación. La muchedumbre la empezó a envolver. Bajó el volumen de su iPod, ya que entre tanto grito y tanta consigna no oía apenas la música. Algo despeinada, sus cabellos rubios algo ondulados y su atuendo de uniforme con falda a cuadros hicieron que no pasara desapercibida entre la gente. Un grupo de chicos y chicas con aspecto callejero pasó por su lado, uno de ellos le gritó:
-¡Tú, zorra pija de mierda, a ver si te rompes tus putas medias arrodillándote para hacerme una mamada!- el resto se río, felicitando la ocurrencia del que parecía su líder. Cintia continuó, un tanto ajena al comentario. El mismo tipo que profirió tales palabras comenzó a tirar de unas vallas que separaban a la hilera de policías encargados de vigilar a la masa de gente que se había concentrado en la manifestación. La policía respondió con unas salvas que no mitigaron la violencia del grupo.Sus lacayos comenzaron a tirar piedras hacía las patrullas,  Se hizo el caos. La batalla campal estalló sin importar dónde ni contra quién. Cintia no entendía nada. Vio como el gentío corría en su misma dirección. Asustada se arrancó los cascos de cuajo y tiró la carpeta al suelo para poder correr mejor. De repente, se oyó un disparo. Por unos instantes se hizo un  agudo silencio. Una mujer gritó - allí en el suelo, es sólo una niña-. 
El cuerpo yacía en la acera, un hilo de sangre se derramaba por un oído. Ya sólo se escuchaba la última canción que reproduciría su iPod: Sunday Bloody Sunday, de U2.

jueves, 26 de julio de 2012

El Niño Escoria (Parte 2)



Era martes 25 de febrero. O al menos eso recuerda Patricia que ponía en su radio despertador aquel día. Como de costumbre, cumplía su función automáticamente a las 06:00 am conectando con su emisora favorita que abría cada hora de la mañana con un estridente kakareo, afortunadamente ese día pinchó “Have a nice days” de Bon Jovi al ser la canción número uno de la semana. Lo que hizo que Patricia comenzara el día con buen humor al recordar que ya tenía las entradas para próximo concierto del grupo. Su madre la apodaba La Tiquití, porque decía que cuando tenía prisa ese era el ruido que emitían sus cortos pero veloces pasos, de esta guisa comenzó a arreglarse para ir al trabajo mientras tomaba una taza de café que siempre se dejaba a medias, manía que no se explicaba a si misma ya que no dependía de la cantidad con la que llenara su taza. ¡Ay su trabajo! Aquel sitio donde la esperaba una intensa jornada llena de pequeñísimas multitareas imprescindibles para el bienestar de la oficina. A ella le gustaba decir que su trabajo consistía en convertirse en un duendecillo mágico: rápido e invisible. Aceptó su puesto de auxiliar administrativo hacía un par de años por el simple motivo de que no requería un gran esfuerzo físico ni demasiado estrés, tampoco requería una alta dosis de responsabilidad, en realidad no implicaba demasiado de nada - pero tal y como están las cosas está bien pagado mamá – se había justificado ante su progenitora quien siempre la miraba con una suerte de mal pálpito cada vez que le comunicaba una decisión.
Intentaba concentrarse en la lectura de la última novela que compró a primeros de mes. Era su ritual, una vez tenía en su poder su ansiado y ajustado sueldo, corría a la Gran Vía de Madrid en busca de la novela más  gruesa y pesada que encontrase. Le gustaban, no tanto por la temática, que esta vez tocaba histórica, sino más bien por intentar aparentar un perfil de mujer intelectual; imagen que siempre intentaba marcar comprándose las gafas de pastas más anchas, cuadradas y negras que encontraba en la óptica, su pelo largo y poco cuidado, aunque con un sempiterno y perfilado flequillo recto. Su estilo de vestir todo lo casual que le permitía el tipo de trabajo que desempeñaba. Su tamaño menudo y su belleza camuflada con mucho afán por su propia personalidad hacía que fuera con frecuencia un blanco certero de empujones, traspiés y codazos en el metro que solía coger en plena hora punta. Nada más pasar la primera estación fue víctima de uno de estos codazos con tan mala suerte que su pesado libro se le cayó encima de sus pies.
- ¡Joder!, ¡pero qué daño me has hecho!, por Dios como duele…
- ¡Ay! Disculpa. Qué faena, no era mi intención, es que tengo tanta prisa que…no miro por donde paso…permíteme que te ayude.- Le devolvió el libro entregándoselo como si de una delicada antigualla se tratara.
- Bueno, no pasa nada…aunque me duele muchísimo, creo que puedo tener una fisura en alguno de los dedos del pie derecho, porque me duele demasiado al doblar el pie hacia delante.
- Supongo que el saber si debe ocupar lugar, porque con lo grande que es ese libro no me extraña que te haya hecho daño. – Patricia cuando se enfadaba parecía, pese a lo menuda que es, un ogro gigante con sed de sangre. De ese calibre fue la mirada que se incrustó en los ojos de este desconocido.- Es broma mujer, de veras que lo siento, si puedo hacer algo por ti…
- No te preocupes, no me queda nada para llegar a mi trabajo…me tengo que bajar en la siguiente parada.
- Anda, hoy estoy de suerte yo también me bajo ahora. ¿Trabajas por aquí cerca entonces?
- Si en el parque empresarial.
- ¡Qué bien! Precisamente iba tan deprisa para coger la puerta que me hiciera andar menos. Tengo una entrevista en una de las empresas que están alojadas allí. Decidido, te acompaño por lo menos a la puerta del parque. Me parece que no llegaré tarde después de todo. Bueno, creo que deberíamos presentarnos. Me llamo Enrique…
- Patricia. –Se vieron interrumpidos por la rutinaria locución: “Próxima estación…”Andando con ciertas dificultades Patricia y Enrique llegaron al centro empresarial. Se despidieron. Justo cuando estaban a punto de tomar cada uno su camino dice, con la voz algo entrecortada, Enrique:
- Patricia, disculpa, ya sé que no nos conocemos, pero si quisieras que quedáramos un día, te invito a comer, me siento que estoy en deuda contigo, apenas puedes mover el pie. Bueno te doy mi tarjeta, así lo dejo en tus manos.
- Te prometo que lo pensaré. Por cierto, suerte con esa entrevista.
- Me vale, gracias.
Patricia no pudo evitar echarle un vistazo a la tarjeta. Después de todo el tipo era simpático, iba trajeado y tenía un buen culo, pensó. Además tenía un pelo perfecto, castaño, ligeramente capeado a navaja, con unas entradas interesantes y unos penetrantes ojos verdes. Veredicto: impecable. La tarjeta era sencilla y concisa. Fondo blanco y letra Times New Roman negra. No necesitaba más. Software Engineer. Madre mía, suspiró. No parece un freaky. Pero me ha machaco el pie, se dijo. ¿De todas formas qué demonios pretende? ¿tan presumido es que va fardando con la tarjetita? ‘Estoy en deuda contigo. Lo dejo en tus manos’ dijo en voz alta con cierto rintintín. Pues si se piensa que le voy a llamar sólo porque tiene un buen culo, va trajeado, y es ingeniero lo lleva claro. Don perfecto.